martes, 24 de noviembre de 2009

N.8

Me ahogo en la nostalgiaDesolado, triste, aburridoAnsioso de ti.Muero por tu cariño.Me desvanezco, me pierdoAnhelando tú presencia.Si, sigo fantaseándoteEnloquezco por tenerte a mi ladoPor querer sentirteVivirte, olerte, mirarte, tocarteSaborearte.Enloquezco por absorber tu serAl respirarte dentro de mí.Por liberarme en tu cuerpoY raptar tu almaPara vivirla bajo mí pecho.Por sentir que me comes la nucaY que me atas a tu cuerpo desnudo.Que chiste de mal gustoEl tiempo me cobra tu presenciaY al hablarte temo que abusesDe mi amor por ti.Dejo todas las heridas abiertasTragándome este amor.No estas, no escuchas.

Yo tampoco estaria,Ding Dong

Nº9 El hado

El hado, mas terco y sabio que la montonera de calcio que impulsa la marcha del hombre, muestra sus carencias a través de la jaula oculta de los simios.Como el glande del hastío, que desenvaina y oxigena la testa por donde afloran los delirios mientras rasga, al compás del tiempo, la vulva incandescente de las horas.Al ritmo cárdeno del vino, de los ojos que lamen las caderas de un pedazo de poema descompuesto en el tablero irresoluto de un cuaderno; de cirros de “maría” que surcan la estepa de la historia hasta exhalar los clavos del mito bocanada a bocanada.Hay una lengua que teje su guarida a la luz de una lámpara de mesa, una araña que urde recuerdos sobre el polvo apilado en la joroba de las vigas, también un terrón de tristeza disuelto en el vapor de trece estrofas con insomnio.Mientras, ahí fuera, al otro lado del rincón de las palabras, a la umbría del marco que escupen las ventanas, trituradores de oxigeno encintan la cara ovalada de un rectángulo con la banda en meta de un trayecto imaginario.Agazapada a suburbios por donde cae la lluvia de cientos de estaciones, se muestra verticalmente húmeda, como el renglón que traza el peso del estallido y la venganza.Todo un tumulto de sucesos, que besan con el filo que no entiende de carencias los carrillos que nos muestra la pulsión de la esperanza.No hurgan sobre el fresco insaciable que brota a impulsos de la piel incandescente en las esquinas descuidadas de las plazas…La sal del asfalto, como ansiando calcar la empuñadura del estoque, oscila entre los cauces sudorosos que manan, a golpe de martillo, sobre estas manos sedientas de triunfos.La herrumbre de balcones germina en el huerto de antebrazos sangrantes de existencia; también se licua entre descargas el vaho que golpea los espejos mientras aguardan babeantes los sepulcros…Hacinado tras cubículos de arena, donde se posa el silencio para orar todo tipo de sermones, emulando al hocico del caballo que rehabilita las llanuras, trata el hombre de impulsarse hacia la estela del vacío; diseccionado en mil pedazos, encolado al adhesivo de su aturdida y estúpida conciencia, inventando menesteres para así justificar la brevedad de su escuálido destino.A los pies de ese perfume masticado por unos, contrario a perforar la cavidad que tritura con sarcasmo el oxigeno del resto.A la sombra de cornisas que pintan sus pupilas con el paso polvoriento de bandadas…Carentes de fruta, los labios que engullen el dorso del que circula cien metros por delante, narran conferencias; mientras, arcones empachados de ceniza (junto a la crisis cardiovascular de sus bisagras), permiten a los muertos con capucha partir hacia otra parte…

Yo si que me he quedado helado

Los diez peores poemas de los blogs Nº.10 Día pesado

Sin conocer ni el origen ni el final de este día pesado me siento en el suelo y empiezo a escribir. Día pesado. Aire pesado. El sol a mi lado. El mar como un lago. El motor de un barco lejos, muy lejos. Palabras confusas de los de la orilla lejana. El ritmo de los olas hoy es como nada. Surca una lancha. Rompe el silencio del día pesado. Pero... pronto regresa el sutil silencio del motor de un barco lejano. Día pesado. Día dormido. No pasa el tiempo mas que para decirnos que la misma hora se va repitiendo durante todo el día. Mar de espigas Doradas, quietas. Ni una punta de viento que mueva tu verbo junto a mi verso. El motor se apaga, se acaba. Me levanto y me voy andando, esperando que acabe este día pesado.

Tú si que eres pesado chaval.